La llegada de un bebé a la familia, lo cambia todo, ¿verdad? Tiene, entre otras, un
impacto en nuestras finanzas, aunque el aspecto monetario no sea un punto en el
que nos guste mucho pensar. El dicho dice que “un bebé viene con un pan debajo
del brazo”. Es cierto que un niño siempre trae infinita alegría al hogar, pero no
siempre aumenta la solvencia de nuestra economía familiar. Como bien sabemos,
con la llegada de un niño suelen aumentar nuestros gastos. Este hecho en si es
completamente neutro, ya que el dinero sólo es un medio. En cambio, en el
momento que el dinero llega a ser una preocupación, sí que tiene un impacto
perjudicial en toda la vida familiar. Para ello, lo suyo es que al hacernos
madres/padres integremos con mayor peso una perspectiva hacia el futuro en
nuestra gestión financiera.
En todos los aspectos de la vida somos un gran ejemplo para nuestros hijos. Lo que
decimos sólo tiene un impacto limitado, mucho más importante es lo que hacemos
y lo que pensamos, aunque creamos que nuestros hijos no conozcan nuestros
pensamientos. Transmitimos a nuestros hijos nuestras opiniones, nuestros
pensamientos, nuestros hábitos, actitudes y conocimientos. La economía
doméstica suele ser un tema sobre él que se habla poco en familia. Sin embargo,
queda perfectamente clara nuestra postura ante el dinero. Preguntémonos
honestamente ¿vivimos y transmitimos pensamientos de escasez o de abundancia?
¿Somos un ejemplo a seguir en cuanto a nuestros hábitos financieros y nuestra
actitud orientada a recursos y soluciones? El afán de conscientemente ser un
ejemplo a seguir, nos hace pararnos y reflexionar más ante las decisiones y
acciones que tomamos. Ser un ejemplo a seguir en este tema es un gran reto,
porque comúnmente no contamos con educación financiera. Igual que les
ocurriera a nuestros madres/padres aprendemos muchas veces en base a nuestros
errores y equivocaciones. Queremos lo mejor para ellos, sin duda, pero no sabemos
qué es realmente lo mejor en temas de dinero. ¿Está bien que les compremos todo
lo que nos pidan? ¿Es pedagógico compensar los logros económicamente? ¿Qué
transmitimos si pagamos a los niños por su “buen trabajo escolar”? ¿En qué
valores nos basamos con nuestra gestión financiera, asumiendo que la educación
en valores es clave?
¿Quieres vivir bien ahora o en el futuro? Este tipo de preguntas me pone siempre
los pelos de punta. ¿Porqué nos quieren hacer creer que sólo hay dos opciones?
Claro, ante cualquier dilema nos agobiamos. Decidimos y actuamos bajo presión.
Siempre que oigo “carrera o hij@s”, “trabajar o disfrutar”, “dinero hoy o dinero
mañana”, “ahorrador o derrochador”, pienso y – si hace falta – digo en voz alta:
”¡STOP!” Podemos LIBERARNOS de estos dilemas. Si tú mismo defines tus
objetivos y analizas qué opciones – ¡siempre hay más que dos! – tienes para
alcanzarlos , puedes desarrollar una estrategia personal que perfectamente te
salve de quedarte estancado en dilemas y de tomar decisiones equivocadas por
que no estén alineadas con lo que queremos conseguir. Una estrategia financiera
exitosa, por ejemplo, es la que partiendo de tu situación concreta equilibra el corto,
el medio y el largo plazo.

Hacernos “mayores” también nos pone ante preguntas que antes posiblemente no
nos importaban. ¿Cómo vamos a vivir cuando ya no podamos generar ingresos por
edad o por problemas de salud? ¿Cómo van a variar nuestros gastos a lo largo de la
vida, por ejemplo, cuando nuestro hijos vayan a la universidad? Todo ello hace
patente que las finanzas son un tema que incumbe a toda la familia. Lo suyo es
romper con el tabú de hablar de finanzas en familia e integrar a toda la familia
también en la cuestiones financieras, así aprendemos todos.

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