Como ya sabrás, yo soy originaria de Austria. En mi país se toma champán para ocasiones especiales y hay hasta producción propia de champán. Los que conducen o los que no beben mucho, tienden a beber el champán mezclado con zumo de naranja. Esta bebida llamamos “Sekt-Orange”.
Digamos que es la combinación más común. Menos mal que en los últimos años ha habido gente que es más atrevida y combina el champán con otros sabores, por ejemplo zumo de fresa o con una bola de sorbete de limón que es mi combinación preferida.
Pues en este artículo te quiero proponer que experimentes con un nuevo cóctel de dinero que crees tú. Tu potencial creativo te va a facilitar vías para crear nuevas recetas.
Lo más común es que el dinero se combine con el tiempo. Por medio de “vender tu tiempo” generas ingresos. Esta suele ser la situación si tienes un empleo y también si eres autónom@.
Existen diferencias y semejanzas entre tiempo y dinero. Veámoslas en el siguiente cuadro.

Las diferencias nos hacen caer en la cuenta que vender tiempo por dinero no tiene mucho sentido en la mayoría de casos.
Si tomas conciencia de que estás vendiendo tu tiempo y por encima a un precio bajo y en una actividad que probablemente no te llene, te das cuenta que estás vendiendo tu tiempo de vida, en última instancia tu vida misma.
Así que puedes pensar en cómo disminuir el “Sekt-Orange”, este cóctel que mezcla tiempo y dinero y crear tu propio coctelito.

Te tengo dos maneras diferentes de combinar tu “champán”:
La primera manera es combinar el dinero con otros recursos que tienes en posesión o a tu disposición. Estos recursos pueden ser recursos tangibles como una habitación en tu casa o tu coche o intangibles como tu conocimiento y tu experiencia.
Proyectos de la nueva economía como Airbnb hacen posible que tú saques provecho económico a una habitación de tu casa a la que no le des pleno uso. A una habitación pequeña individual se le puede sacar un rendimiento entre 100 y 500 euros al mes, valor que se basa en mi propia experiencia.
Excepto que el coche sea tu medio de trabajo, lo más probable es que esté en un 70% del tiempo sin usar y encima es un pasivo en tu balance de patrimonio. O lo tienes estacionado cerca de casa o cerca de tu sitio de trabajo. Las nuevas formas de car-sharing te permiten rentabilizar los gastos fijos de tu coche en los tiempos que tú no lo usas.
Con estos dos ejemplos intento abrirte los ojos para que veas tu entorno enfocad@ en recursos, al fin y al cabo enfocad@ en la abundancia de la que dispones.
Para la segunda manera de combinar diferentemente tu dinero te propongo detectar tus recursos intangibles. Dirige tu mirada más bien hacia dentro de ti. Contesta las siguientes dos preguntas: ¿Qué problema concreto he resuelto en mi vida? ¿A quién le puede servir el aprendizaje que he adquirido al resolver este problema?
Las respuestas a esta pregunta te dan la pauta cuál recurso intangible podrías combinar con el dinero. Si vendes tu conocimiento, tu aprendizaje aprovechando el internet, puedes ayudar a muchísimas personas.
Esta mezcla de aprendizaje compartido, las oportunidades de internet y generar con ello ingresos es mi cóctel preferido, mi champán con sorbete de limón.
Para terminar te cuento la historia de un buen amigo y una buena amiga que lastimosamente ya ha fallecido. Aprender y compartir el aprendizaje está en mano de todos, completamente independiente de la edad. Hace más que diez anos mi amigo de entonces 20 años dio clases de uso de email e internet a mi amiga de más de 70 años. La motivación de la alumna era bien fuerte ya que se quería comunicar son sus hij@s que vivían en otros países. Aprendió a un paso acelerado y adquirió conocimientos que pudo haber compartido, si se lo hubiera planteado, fácilmente con personas entre 50 y 60 anos que carecían de ellos y creían que ya eran muy “viej@s” para aprender estas cosas modernas.
Te animo a que superes tus propios pensamientos limitadores acerca de la edad, tus condiciones personales, tu situación laboral o económica, te enfoques en tus recursos y mezcles tu propio coctelito de abundancia financiera. No suelen ser los ingredientes del cóctel que determinan el resultado, sino el vaso que escogemos para servir el coctél y este vaso y su tamaño son nuestro propio mindset.

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